Por @CarmenWeasley14

No hay nada más triste que decir adiós, y quien te diga lo contrario te está mintiendo. A nadie le gusta tener que despedirse de algo que lo hace feliz. Ya sea una persona, un amigo, un lugar, o incluso ese perrito callejero que te acompañó hasta tu casa y no pudiste dejarlo entrar.

Nada hace que una despedida sea menos penosa de lo que es, pero por fortuna el mundo tampoco es tan trágico como podría serlo, y los buenos recuerdos son ese pequeño pero dulce premio de consolación que queda tras el final de algo muy bueno, como una relación que jamás olvidarás, ese perrito haciéndote compañía hasta la puerta de tu casa, o en este caso, el recinto educativo (cough… La Salle… cough) en el que hiciste algunos de tus mejores amigos, viviste algunas cosas increíbles que tal vez ni te habías imaginado, y conseguiste tu título universitario.

Por eso, aquí te dejamos algunas de las cosas que debes hacer por lo menos una vez antes de concluir tu vida estudiantil como lasallista, para asegurar que salgas con los mejores recuerdos de la escuela y cada vez que la evoques en tu mente, lo hagas con una enorme sonrisa.

 

Ir a Roxy´s por un helado

A no más de diez minutos de la escuela existe una maravillosa heladería que cada viernes después de las dos de la tarde se llena de lasallistas de playera azul o ropa de civil aguardando con desesperación para consumir alguna de las delicias que se sirven en aquel establecimiento.

En Roxy´s historias han iniciado y han concluido, amistades se han forjado por siempre, e incluso se han filmado importantes proyectos para clases de idiomas y de ética. Si aún no has ido por un helado ahí, te estás perdiendo uno de los helados más exquisitos que existen en la Condesa y una verdadera tradición lasallista. ¡No dejes escapar un segundo más!

 

Ir a una noche colonial

La noche colonial de la escuela es una tradición tan antigua como la escuela misma, no estar en por lo menos una es, básicamente, no ser parte de La Salle en absoluto. Además, el ambiente siempre es increíble, hay juegos mecánicos, gotcha y todo lo que hace a una noche colonial memorable.

Está de más mencionar que la comida es deliciosa y que es un gran punto de reunión para encontrarte con amigos que no ves hace tiempo y no sabes que extrañas. Así que el próximo año ¡ya lo sabes! ¡Ve a divertirte como un verdadero lasallista!

 

Pedirle al poli que te de pase

Esto generalmente pasa más por necesidad que por gusto, y sin embargo es una de esas experiencias que diferencian por completo estudiar en La Salle de cualquier otra escuela.

Puede ser que tengas suerte y que pases sin problemas, puede ser que te pidan tu clave para ingresar (corroborando, por supuesto, que efectivamente tú seas tú) y te sientas afortunado o incluso puede que la suerte no esté de tu lado y tengas que ir a buscar pase a otra de las entradas de la universidad, pero arrojarte al azar de pedirle pase al poli de la entrada por el descuido de haber olvidado tu credencial o la flojera de no querer sacarla de tu cartera es algo que tendrás que probar antes de abandonar la universidad para siempre.

 

Pedir un libro de la biblioteca

Ya sea porque tu carrera es asombrosamente exigente con la cantidad de libros que te piden, porque eres un declarado fanático de los libros o del conocimiento, o porque simplemente cuentas con demasiado tiempo libre mientras matas horas esperando tu siguiente clase, no puedes salir de la escuela sin haber redimido tu clave para pedir préstamos de la biblioteca y haberla usado por lo menos una vez, siquiera para saber lo que se siente (y lo cierto es que es una sensación curiosamente satisfactoria, a menos que se te olvide devolverlo y te consigas una accidental multa).

 

Y ya que hablamos de la biblioteca, echarte un buen sueñito en los sillones azules

El final de semestre ha orillado a muchos a hacer esto, el cansancio que ataca a los estudiantes indefensos constantemente ha forzado a tantos otros y la comodidad de los sillones azules ha convencido a los restantes. No hay sensación más satisfactoria y relajante en el mundo que dejar pasar las horas dormido en la biblioteca esperando tu siguiente clase o fingiendo que el resto del mundo no importa.

Los cojines son suaves y esponjosos, nadie te va a molestar, y habrá más como tú haciendo exactamente lo mismo. Dormirte en la biblioteca es una experiencia que no puedes dejar escapar si estás estudiando en la Salle (y posiblemente en algún punto lo sentirás más como necesidad que como experiencia opcional).

 

Comprar un regalo de emergencia

Regalo de emergencia tal vez sea un poco exagerado, pero en definitiva no hay lasallista que se identifique como tal sin haber ido a cualquiera de las dos tiendas de regalos ubicadas frente a la escuela para comprar el clásico paquete de globos con un muffin y así celebrar el cumpleaños de algún amigo o cualquier persona especial. Esto, de hecho, puede ocurrir de manera absolutamente premeditada o como opción de última hora.

En realidad, a lo largo de los años, este característico combo se ha convertido en toda una tradición de los estudiantes de La Salle. Siéntete orgulloso de entregar o recibir uno.

 

Mandar una rosa el 14 de febrero

Siguiendo con la línea de pensamiento relacionada a los regalos, cada 14 de febrero es habitual observar estudiantes entregando o intercambiando rosas para demostrar amistad y afecto entre ellos. Si nunca lo has hecho, te estás perdiendo de una de las prácticas más llamativas que existen dentro de la escuela. El próximo año inténtalo y haz sonreír a alguien (anónimamente o haciéndole saber, sin darle vueltas al asunto, que eres tú).

 

Terminarte tu comida cuando ya empezó la clase

Porque alrededor de la escuela tenemos algunos de los puestos de comida más deliciosos de todo el mundo y porque en la gran mayoría de las ocasiones el tiempo para ir a conseguirla no es el suficiente, siempre está ese incómodo momento en el que tienes que pedir permiso para entrar al salón con tu torta de chilaquiles a medio masticar, bajo el riesgo de que te pidan que te retires del salón, que tengas que comer de pie en la puerta, o de que todo el mundo se queje por olor a garnacha.

Tal vez no sea de las cosas más agradables que puedas o tengas que hacer, pero son de esos detalles que puedes contar entre risas muchos años después de tu graduación.

 

Caminar desde La Salle hasta el parque México (y perderte en el intento)

Ir de La Salle al parque México o a cualquier lugar cerca de ahí es algo que casi todo estudiante de la escuela disfruta hacer, especialmente entre amigos para pasar el rato o para encontrar un lugar interesante para comer. Por eso, no hacerlo, aunque sea una vez, dejaría todo el hecho de ser un estudiante de La Salle frustrantemente inconcluso Dar vueltas accidentales por la Condesa tratando de encontrar algún lugar es parte de la experiencia; pequeño detalle que es preferible vivir a que te lo cuenten.

 

Ejercitarte en el gimnasio de pesas

Tener un gimnasio gratuito para uso libre de los estudiantes suena como algo absolutamente increíble, hasta que de plano decides utilizarlo y el recinto se vuelve una completa tortura de dos horas dos veces a la semana. Tener que subir y bajar corriendo hasta el infinitesimal piso en el que el gimnasio está ubicado un excesivo número de veces es tan irónico como suena y solo la mitad de divertido de lo que se escucha (y no se escucha divertido).

De cualquier manera, ya sea por un motivo de superación personal, por mera empatía, o hasta por haber perdido una apuesta, tratar de ponerte en forma yendo al gimnasio es una circunstancia más de la que no te puedes perder si estudias en esta interesante universidad (y una a la que puedes acceder hasta que eres mayor de edad).

Estos son nuestras pequeñas y humildes recomendaciones de las cosas que no puedes dejar de hacer si estás próximo a graduarte o si quieres que el tiempo no te gane antes de que tengas que hacerlo. Lo más importante es que disfrutes todo lo que hagas sin remordimientos.

¿Crees que faltaron experiencias en esta lista? ¡Escríbenos en los comentarios!

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