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  • Una de las tradiciones más mexicanas en Día de Muertos es la elaboración de calaveritas. 

Las calaveritas son composiciones literarias escritas con cierto humor para resaltar las cualidades de los vivos. Hay quienes las consideran hasta un epitafio burlesco y hoy continúan presentes entre las actividades a realizar en vísperas de Día de Muertos.

Para retomar la tradición, aquí te dejamos las composiciones de la Chica de Reims.

Calaverita a Universidad La Salle

Iba la huesuda por la calle
buscando almas para llevar al panteón.
En su camino pasó cerca de La Salle
y maliciosa pensó “voy a tener algo de diversión”.

Pero a falta de credencial
el tiro le salió por la culata.
Por poco no la dejan pasar
y los de prepa en descanso eran una lata.

Por llegar tarde a clase
se quedó sin punto de asistencia,
y por estar robando almas de estudiantes
se le pasó la fecha de la última entrega.

Cansada y con el semestre casi reprobado
la Huesuda descubrió que nunca había cometido error semejante
dijo “para mí La Salle es demasiado,
mejor me vuelvo a mi casa hasta el año entrante.

 

Calaverita a San Juan

Una mañana sin nada interesante qué contar
se dice que se vio a San Juan Bautista La Salle visitar.
Venía muy elegante con su vestimenta de corte francés,
alegre, orgulloso, y saludando a todos cual hombre cortés.

Caminaba despreocupado entre salones y plazas con su nombre,
cuando muy agobiada llegó Doña Flaca, esa dama de renombre.
Miró a De La Salle enojada y con reproche y le dijo
“mira nada más, conque aquí tenías tu escondrijo”.

“¿Qué no ves que no te puedes andar paseando por ahí?
al final los problemas burocráticos son para mí”.
San Juan replicó: “Hace siglos que estoy entumido allá abajo,
me urgía salir a tomar aire, y de paso conocer mi legado”.

“¡Pero vaya menudo santo salió éste!” exclamó enojada la Muerte.
“Te regresas conmigo antes de que el cementerio entero despierte”.
Y pues ni modo, San Juan se tuvo que regresar al panteón,
nadie se escapa de la Parca ni negociando con el mero Patrón.

Lee también: Sobrenaturales historias a propósito de Día de Muertos

FAMADyC

El lugar era FAMADyC y la fecha Día de Muertos
diseñadores y comunicólogos estaban en aprietos.
La Catrina se había llevado a los arquitectos a mausoleos diseñar,
y si no tomaban medidas pronto, su destino sería similar.

Hundidos en cientos de entregas, proyectos y tareas,
habían olvidado por completo poner su ofrenda.
El motivo de indignación de la Flaca no era un misterio
y si no la hacían feliz, iban a ir a dar todos al cementerio.

Los talentos combinados de ambas disciplinas no eran suficientes,
ni entrevistas en ULSA Radio ni ilustraciones la ponían alegre.
Lo que finalmente funcionó fue lo que nadie se esperaba
le llamó la atención una leyenda que había sido olvidada.

El fantasma de Helmut era un relegado secreto a voces,
al parecer, a la Huesuda se le había escapado una noche.
Y entonces, inesperadamente, FAMADyC salvó su pellejo:
un gustoso trueque entre fantasmas y arquitectos acabó con este cuento.

 

Facultad de Ciencias Químicas

Los químicos trabajaban entre ratones y sustancias
cuando llegó la Pálida y dijo de muy buena gana:
“de llevármelos pa´l panteón tengo muchas ansias,
es atrayente ver con cuanta cosa peligrosa trabajan”.

“Pero no es tan peligroso, tenemos gafas de seguridad”
dijo un QFB, impaciente por salvarlos a todos.
“¿Para qué una ducha de emergencia si no llegara yo con facilidad?”
reparó la Catrina que, alegre como estaba, hablaba con buenos modos.

“Llevarnos contigo tendría un negativo impacto ecológico”
argumentó un ambiental, y un QA añadió, fingiéndose calmado:
“con nuestra composición química, chuparnos los huesos sería ilógico,
tan pesada es nuestra médula, que tu estómago estaría acabado”.

“Tanta habladuría ya me cansó,” comentó la Catrina aburrida,
“hagan lo que quieran con sus matraces, pero les dejo una advertencia:
si siguen siendo descuidados, me los llevaré algún día
puedo ver ácido nitroso puesto al borde de la mesa con imprudencia”.

 

Facultad de Ingeniería

En la Facultad de Ingeniería se celebraba Día de Muertos
el tradicional concurso de disfraces tomaba lugar.
De pronto llegó la Dama Blanca para llevarse a sanos y tuertos,
ni uno solo vivo quedó para la historia contar.

Todavía con disfraces puestos
llegaron los ingenieros al panteón.
Los muertitos celebraron a los nuevos
con fiestas y verbenas dignas de la ocasión.

Al ser ingenieros, las celebraciones no se les daban mal,
entre todos bailaron hasta que salió el sol,
luego se regresaron a sus tumbas, abiertas de par en par
porque se venía la mañana y ya llegaba el celador.

Los ingenieros quedaron confundidos y, aunque ya estaban tiesos,
decidieron regresar a su facultad caminando sin sombra
pero tan grande fue su sorpresa como su terror cuando descubrieron
que sus vecinos de enfrente se habían quedado con su microondas.

 

Facultad Mexicana de Medicina

No hay peor lugar para pasar Día de Muertos que el anfiteatro,
sin embargo, algunos médicos cumplían el encargo.
Terminaban de limpiar sus materiales
cuando llegó la Fría a librar a todos de sus males.

Como acaban de estar de guardia más de dos días seguidos
cuando la Calaca llegó la confundieron con una más del equipo.
Le pusieron bata y cubrebocas como parte del protocolo,
y a pesar de sus reclamos, la hicieron lavarse hasta los codos.

“Se nota que a ti sí te pegó la guardia,
esas ojeras que te cargas no son nada ordinarias”
uno de los estudiantes junto a ella le comentó,
segundos después, cayó dormido sin dar más explicación.

“Pobres de estas almas en pena” pensó apenada Doña Fría,
“más me vale hacer lo que pueda para ayudar a estas crías”.
Entre todos cooperaron para terminar la labor que era un tormento
y luego se fueron a sus casas a descansar y comer pan de muerto.

Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales

Psicólogos y teólogos se aburrían mucho en clase,
del mes de noviembre era el día primero.
De repente llegó la Huesuda a cortarlos en partes,
al parecer, a todos se les había acabado su tiempo.

Pero cuando la Dama Blanca llegó a filosofía se impresionó,
no había más de diez personas por salón según sus cuentas.
“La factura con mi patrón no me va a salir” pensó,
“Aquí no hay huesos ni para una muela”.

Enojada y frustrada, la Comadre no sabía qué hacer,
no podía volver con los bolsillos casi vacíos.
Entonces escuchó al profesor hablar de Nietzsche y Sartre
y decidió pasar su mal trago aprendiendo sobre posmodernismo.

Luego, con los psicólogos comprendió el poder del “ello” sobre el “yo”,
en Ciencias de la Educación renació su amor por aprender.
Al final del día regresó muy satisfecha al panteón.
No traía huesos, pero se compensaba con todo su nuevo saber.

 

Facultad de Negocios

Era un Día de Muertos como cualquier otro en la Salle
los chicos de negocios tenían clase en la tarde.
De la nada les llegó una noticia que los sacudió
al parecer se había caído la Bolsa de Valor

Del puro susto todos se quedaron tiesos
y llegó la Catrina para acabar de matarlos del miedo.
Pero los estudiantes comenzaron a replicar
“con una buena administración la situación podemos salvar”.

“¿Qué tiene que ver la administración con todo esto?”
replicó la Cierta, sin ocultar su aburrimiento.
“La administración está en cada aspecto de nuestra vida,
con un rápido cálculo es fácil ver que tu método no es eficiente todavía”.

“Si los dejo ir, ¿me ayudarán a agilizar mis idas y venidas al panteón?
preguntó entonces la Huesuda con emoción.
La Muerte trabaja con una mayor eficiencia desde entonces,
y todo fue gracias a los internacionalistas y administradores.

 

Facultad de Derecho

Entre derecho constitucional, planetario y mercantil
los futuros abogados con tanta clase no querían seguir.
De pronto llegó la Flaca y anunció con orgullo
“si vienen conmigo no habrán más sesiones de estudio”.

Los estudiantes de derecho la miraron con desconfianza
y le pidieron que por escrito dejara sus palabras
“Si este acuerdo no nos conviene a ambas partes,
lo mejor será dejarlo cuanto antes”.

La Blanca se sintió contrariada ante esta petición
pero finalmente redactó un contrato que le agradó.
Los próximos fiscales tacharon aquí y allá
y le devolvieron algo que jamás podría firmar.

“No pienso pagar indemnización por daños a la moral,
de haber sabido que harían esta grosería no habría venido hasta acá”.
Entonces la Parca se volvió a su casa con indignación verdadera
y los abogados se sintieron afortunados de haber conservado su cabeza.

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