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¿Por dónde comenzar?… Se los narraré desde mi perspectiva.

Este grupo en verdad me ha cambiado la vida. Para empezar, debo aclarar que yo ingresé al grupo de Voluntariado este año, así que soy relativamente nuevo dentro de él. Desde la primera junta en la que estuve, me pude dar cuenta de que cada una de las personas que estaban ahí tenían algo especial, solo que en ese entonces no sabía qué era. Jamás recibí una mala cara al entrar al grupo ni al acercarme a alguno de los integrantes. Fueron pasando las juntas y yo sentía que el grupo se iba integrando cada vez más. Un día se nos pidió hacer la elección a alguna de las tres ramas del grupo a los miembros que estábamos en 5to, las ramas eran: enseñanza, manualidades o animación. Yo elegí enseñanza, porque pensé que mis gustos y mis atributos podrían contribuir mejor al grupo en esa rama, y no estaba equivocado. Después se nos sumaron tres compañeras que también elegirían rama y que serían parte primordial del grupo de igual forma.

Comenzamos con los preparativos para San Pablo, tanto grupales como por ramas, y fue ahí en donde pude tener una oportunidad más clara para conocer a los miembros de mi rama, personas con cualidades sorprendentes en ámbitos diversos y lo que pude apreciar mejor fue la química que ya tenían entre ellos. Todos participamos en la lluvia de ideas para la elaboración de nuestro plan de actividades y los materiales que necesitaríamos. Fueron pasando aún más juntas y el plan general comenzaba a emocionarme, no había nada que no tuviera pies ni cabeza, todo estaba estructurado y bien planteado, estábamos listos para ir a San Pablo Anicano, Puebla.

Se mandaron permisos, lista de equipaje estimado, entre otras cosas. Las semanas se fueron y por fin llegó el día, llegó el 23 de marzo del presente año. Pasaron las primeras clases, después los miembros del voluntariado salimos de nuestras aulas. Tuvimos tiempo para comer algo antes de partir y antes de lo que esperaba ya estábamos en camino. Fuimos viendo películas, jugando, escuchando música e incluso algunos bailaron, el viaje de ida fue genial. ¡Llegamos!

Desde que llegamos hubo cosas que hacer, limpiar, ordenar, transportar, etc. A lo largo de la semana desempeñamos muchísimas actividades como: cargar, pintar, jugar con niños (que fue de lo que más disfruté), poner sillas, ayudar al padre con la logística de algunas misas, estar presentes en otras más, repartir comida a las personas presentes en la misa, ayudar con el transporte de figuras e imágenes religiosas del lugar donde se desarrollaba la misa a la Casa Parroquial, entre otras muchas cosas, que hicimos siempre con el corazón cada uno de los voluntarios.

Con el paso de los días se comenzaba a sentir el cansancio, pero fueron más nuestras ganas de ayudar que pusimos a un lado el dolor físico y nos concentramos en hacer lo que teníamos que hacer. La organización no faltó allá, el profesor Adán junto con los líderes y sublíderes administraron las manos para que cada una de las actividades se pudieran desarrollar de manera simultánea y con la misma efectividad. Al principio fueron los grupos de las ramas, pero después se diseñaron grupos para cada una de las labores a desarrollar. Recuerdo que en un punto los equipos fueron: Equipo Pintura, Equipo Limpieza y Equipo Tierra, grupos que jamás podré olvidar.

Aún cuando los grupos estaban diseñados para alguna actividad, jamás nos negamos a desarrollar actividades que no nos corresponderián, jamás faltaron manos y siempre brillaron los valores de fe, fraternidad, servicio, justicia y compromiso. Los pude observar a lo largo de toda esta aventura: el hecho de pasar un vaso, preparar la mesa para los demás; ver que cuando alguien se cansaba, alguien más estaba ahí para continuar por él, que siempre cuidamos el uno del otro, que seguimos aún cuando había ampollas en nuestras manos, aún cuando tuvimos la rodilla lastimada; encontramos soluciones a los problemas que se nos presentaron sin negarnos a trabajar y siempre con una sonrisa en el rostro.

 

No niego que se vivieron ambientes de impotencia y desesperación ante algunas circunstancias que se nos presentaron, pero eso nunca nos detuvo.

La gente allá es la más cálida que he conocido, siempre fueron amables y respetuosos, jamás nos faltó de comer gracias a la hermana del padre, la mayoría de las veces, pero también, gracias a familias que se ofrecieron a brindarnos alimento y al profesor Adán Navarro.

Los niños en verdad son otra cosa allá, en mi rama nos sentimos satisfechos y orgullosos de que las actividades que planeamos para ellos en verdad les gustaran y llegaran a hacer un impacto en ellos, tuvimos varias veces ese sentimiento de alegría al ver que los niños en sus reflexiones nos mostraban que los mensajes en verdad los habían recibido; es algo que jamás había sentido y se siente muy bien el hecho de hacer algo por alguien y que al final sí tenga el impacto que quieres que tenga. Felicito a mi rama por el esfuerzo realizado y a mi líder junto con mi sublíder por la organización, sin ellas, no hubiéramos tenido el éxito que tuvimos en la rama de enseñanza.

Pasaron rápido los días y tuvimos sentimientos encontrados después de terminar nuestra labor con los niños. En lo personal espero volver a verlos y si no los veo a ellos, en verdad estoy entusiasmado por volver a transmitir lo que logramos en esta salida a niños de otras comunidades.

Terminamos nuestro trabajo con el padre y siento que todos terminamos satisfechos, todos entregamos más del cien por ciento de nuestro ser, contribuyendo con el gran proyecto del padre y el ver el fruto de nuestro esfuerzo fue algo que nos movió a todos.

El domingo en la mañana, justo antes de partir, algunos de los niños nos visitaron y se despidieron de nosotros, es un sentimiento que aún no puedo describir. Salimos de San Pablo y aún cansados, el ambiente en el trayecto de vuelta no faltó.

Quiero exponer mi opinión acerca de este grupo en general. El impacto que cada uno de los integrantes tuvo en mi persona es algo inefable, agradezco a cada uno de ellos por haber compartido esta aventura conmigo, tuve la oportunidad de conocer a las personas con el corazón más grande que he conocido y definitivamente me va a doler no poder compartir otra aventura de este tipo con los compañeros que ya se van a la Universidad. En verdad puedo sentirme dentro de otra familia con ellos.

No me queda más que agradecer por todo lo que aprendí, felicitar a los miembros de este gran grupo y esperar con ansias el siguiente Voluntariado: Veracruz y Homestead… les tenemos cosas preparadas.

Autor: Eduardo Alberto Pacheco Gutiérrez. 5to grado.

 

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