Derechos humanos y solidaridad vital

dia-derechos-humanos Dr. Nicéforo Guerrero Espinosa

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Se han formado leyes encargadas de regular la conducta de las personas, sin embargo, la violencia que impera actualmente nuestro país es reflejo de la falta de educación desde la solidaridad vital, la carencia de una cultura cívica que garantice la tolerancia y el respeto al otro como principio de un derecho humano elemental el respeto a la dignidad del otro.

En este sentido el profesor José Antonio Marina y Rafael Bernabeu, exponen:

“No cabe duda de que nuestra sociedad debe recuperar el vínculo social, pero para hacerlo sensatamente necesitamos conocer la historia que nos ha llevado hasta nuestra defensa del individuo y los derechos individuales. Y esto forma parte también del desarrollo de nuestra competencia cívica. Tenemos que saber por qué hacemos lo que hacemos.” [1]

Es en comunidad en donde se aprecia al otro, y existe la reciprocidad que nos permite darnos mutuamente, para lograr como individuos el bien común que garantiza el orden social adecuado. Amamos aquello que nos reporta un beneficio y respetamos lo que tiene un valor en sí mismo, de ahí que se requiera de una razón de orden para vivir en comunidad y esa razón es una vida en congruencia y respeto al otro como principio fundamental de orden, solidaridad, justicia y de verdad.

Por ello, la dignidad humana es el valor por excelencia, es lo que nos une como seres humanos y esa es una razón suficiente para sostener que la vida siempre precede al derecho. Por otro lado, la parte que percibimos es a su vez filtrada por nuestra cultura, por nuestras creencias, por nuestros valores, por nuestros intereses y por nuestras suposiciones; de ahí que la manera como conocemos siempre será diferente entre cada uno de nosotros.

Urge implementar una cultura ética en donde el otro sea reflejo de mí mismo y con ello se logre generar empatía. Cabe resaltar, dado que el hombre no sólo posee lenguaje, sino también se puede decir, que existe para conocer, para amar y para querer: todo esto es la base de su capacidad moral. Por ésta alcanza su más alto rendimiento, precisamente, al abrirse al ámbito de la ética y de la otredad. De este modo, es el encuentro con el otro ante todo, <mi responsabilidad> frente a él; al darle ‘lo suyo’, como un  reconocimiento a su dignidad.

Así, el  filósofo francés Jean-Francois Lyotard señala: “Lo que hace a los seres humanos semejantes es el hecho de que cada ser humano lleva consigo la figura del otro. La semejanza que tiene en común proviene de la diferencia de cada uno con cada cual.”[2]  El pensador francés, sostiene que la capacidad de poder hablar con el  otro, constituye un derecho humano elemental.

Es a través del diálogo, al manifestar la tolerancia,  el respeto a la dignidad de la persona y a sus derechos fundamentales, cuando emergen los derechos humanos esenciales, lo cual nos invita a construir permanente los acuerdos mínimos que sustenten  éticamente la vida en comunidad, más allá de la multiculturalidad.

[1] Marina José Antonio y Rafael Berbeu. Competencia social y Ciudadana. Alianza Editorial. Madrid 2007. P 37 [2] Lyotard, Jean-Francois. De los Derechos Humanos. Editorial Trotta. Madrid 1998. España.  Conferencia  “El derecho de los otros”. P 137.