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Medio: El economista

Especialista: Mtro. Javier Ramírez Escamilla

Tema: Morena fue un movimiento

 

Dr. Edgar Ortiz Arellano, catedrático de la UNAM y consultor político MORENA, como resultado del proceso electoral del 2018, salió fortalecido, con gran legitimidad y consenso, también demostró gran capacidad de movilización a partir del carisma del entonces candidato a la Presidencia, lo cual le reditúa en el fortalecimiento de su estructura territorial y así tener presencia en zonas del país donde antes no había penetrado, que traerá como consecuencia que en los procesos electorales del 2019, observaremos cambios en el sistema de partidos, es decir, el sistema de partidos competitivo se verá anulado y se transitará hacia uno de partido predominante o incluso hegemónico, esto debido a la popularidad del presidente de la República, al acaparamiento de la agenda pública y la ineficacia crónica que los gobiernos estatales y municipales padecen.

La democracia tendrá un retroceso, a menos que la ciudadanía vote de manera dividida para generar contrapesos, pero todo apunta a que veremos a Morena como el gran triunfador. »

Mtra. Ivonne Acuña Murillo, académica del departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana. Evidentemente, Morena no puede ser la misma institución política en el 2018 que en el 2019. Primero, no es lo mismo ser oposición que ser el partido en el poder. Segundo, a diferencia del año pasado, Morena aumentó de manera sustancial su influencia en la política mexicana, al tener como principal activo a un presidente de la República con altísimos niveles de aceptación, credibilidad y legitimidad.

Tercero, tiene a su favor el ser un partido que nunca había gobernado, por lo que aún no carga con el desgaste que se produce por la acción de gobierno o por errores, ineficiencia, corrupción, etc. Cuarto, es un movimiento social en vías de institucionalización si logra superar el enfrentamiento entre liderazgos y la lucha por las posiciones y cuotas al interior del partido. Quinto, debe sobrevivir a Andrés Manuel López Obrador, cuya imagen opaca a cualquiera y dificulta la formación y crecimiento de otros liderazgos. »

Mtro. Rafael Morales, analista político y catedrático de la UNA En el 2018, Morena logró conseguir lo imposible: alcanzar la victoria con la votación más alta de la historia en su estreno en elecciones presidenciales.

Por si fuera poco, la hazaña se condujo por triunfos en el orden subnacional, toda vez que arrasó con gubernaturas y mayorías congresuales en 18 entidades del país. Además, si se confirman los números marcados en las encuestas, Morena estaría sumando este año la gubernatura de Baja California y Puebla a su palmarés, así como el control de sus congresos. De continuar esta tendencia, estaremos ante un proceso de unificación del gobierno, en un contexto democrático. Esto permitiría que Morena domine plenamente la escena electoral, lo que podría consolidarla como la fuerza clave a través de la cual se canalice la mayoría de los conflictos y demandas en todos los órdenes. »

Dr. Salvador Maldonado Aranda, profesor de El Colegio de Michoacán, AC.Dr. Salvador Maldonado Aranda, profesor de El Colegio de Michoacán, AC.Morena fue un movimiento social que pudo transformarse en un partido político, capitalizando grandes descontentos entre la sociedad. Por tanto, su identidad partidista es poco clara a diferencia de otros partidos. Esto hace de Morena un partido necesitado de grandes incentivos entre sus dirigentes, afiliados y simpatizantes para lograr mantener cierta unidad.

Pero si no logra satisfacer los anhelos esperados entre sus filas y la población, difícilmente va a alcanzar los mismos resultados electorales que en la elección del 2018. Lo que hemos observado después del triunfo de López Obrador es un rejuego político a nivel regional y local muy activo que ha puesto en evidencia la fragilidad con que se crearon alianzas y negociaciones, en parte porque el partido está sustentado en promesas de cambio y sobre todo en aspiraciones políticas que no siempre serán cumplidas, pero sobre todo porque el tamaño de las reformas prometidas quizá no alcance a tener un impacto cotidiano entre los millones de mexicanos. »

Dra. Rosa María Mirón Lince, directora del Posgrado de la FCPyS de la UNAM El 2 de junio del 2019 se elegicxxrán ayuntamientos en Aguascalientes y Durango, diputados locales en Quintana Roo y Tamaulipas; también se renovarán la gubernatura, ayuntamientos y Congreso local en Baja California y se realizará la elección extraordinaria de gobernador y cinco ayuntamientos en Puebla.

A menos de dos meses de la jornada electoral, parece que la racha ascendente en la popularidad del presidente López Obrador y su partido Morena, se extenderán hasta los próximos comicios locales.

Las primeras encuestas preelectorales apuntalan los temores de quienes advierten la formación de un nuevo partido hegemónico o, por lo menos, un nuevo partido predominante.

Es un error confundir la popularidad del presidente con la de su partido. Entre su registro y la más reciente verificación que realizó el INE del padrón de militantes que tiene Morena, este partido perdió 70,000 afiliaciones. Es esperable que la posesión de la Presidencia sea un incentivo para atraer afiliaciones, pero también es cierto que cada vez menos personas confían en los partidos políticos. Mientras en el 2006 un tercio de la población confiaba en los partidos, esta confianza disminuyó a 11%, según Latinobarómetro.

En cualquier caso, los comicios del próximo 2 de junio serán el laboratorio idóneo para anticipar lo que está por venir: si es verdad que Morena se perfila para consolidarse como partido predominante o, por el contrario, el de julio del 2018 fue un resultado atípico.

Igual de importante será conocer la respuesta del presidente ante los resultados que le sean adversos. El respeto o la descalificación de las posibles victorias opositoras será un elemento clave en la imagen presidencial y la gobernabilidad de los años que están por venir. »

Mtro. Javier Ramírez Escamilla, investigador de la Facultad de Derecho de la Universidad La Salle. Morena no es un partido, es un movimiento, y como tal, conflu yen personajes con ideologías muy diversas, pero también dispares, desde un conservador de derecha hasta un socialista trasnochado. La fortaleza de Morena se desprende sin lugar a dudas de la fuerza que despliega López Obrador desde el gobierno federal en sus conferencias mañaneras y sus actos de gobierno, contando con 67% de aprobación de acuerdo al último reporte de la encuestadora Consulta Mitofsky. En este sentido, Morena puede ir confiado a las elecciones del 2019 gracias al efecto López Obrador con los siguientes porcentajes: Puebla (40%), Aguascalientes (28.5%), Baja California (46%), Durango (n/d), Quintana Roo (n/d) y Tamaulipas (n/d). »

Mtro. Salvador Mora Velázquez, politólogo de la UNAM. En las próximas elecciones, probablemente Morena gane las gubernaturas de Puebla y Baja California. El resultado electoral responde más a lo que deja de hacer el PAN para ratificar estos gobiernos que a la fortaleza de Morena. En otros estados donde habrá elecciones para elegir ayuntamientos, como Aguascalientes y Durango, o elecciones para elegir diputados, como ocurrirá en Tamaulipas y Quintana Roo, serán los gobernadores actores las claves para mantener su dominancia. Es probable que haya injerencia del gobierno federal más definida a partir de los recursos que vía los programas sociales han implementado. La fuerza de Morena está determinada por la presencia mediática del presidente, las mañaneras performan una realidad adoc al discurso y agenda. Como partido, Morena debe evitar fracturas internas para ganar, mientras la oposición tiene en las coaliciones la estrategia que restituya la confianza ciudadana para robustecer su presencia. Hay una asimetría en la contienda, eso queda claro. »

Mtro. Juan Luis Hernández, director del departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Iberoamericana, campus Puebla. Morena sigue capitalizando la aún alta aprobación de la gestión presidencial de AMLO y eso le permitirá enfrentar con éxito las dos contiendas para elegir gobernador tanto en Puebla como en Baja California. Sin embargo, también está presentando dos problemas agudos: fracturas internas por la lucha de candidaturas y adhesiones coyunturales de los que tan sólo hace unas semanas eran sus acérrimos enemigos, como en Puebla. Morena se está convirtiendo muy rápido en un partido “atrápalo  todo”, muy funcional para ganar elecciones pero muy complicado para sostener aliados tanto para gobernar como para sostener un tipo de hegemonía política.

Es evidente que Morena quiere perfilarse como el partido hegemónico de las próximas décadas pero antes tendrá que resolver las contradicciones internas y la falta de institucionalidad partidaria que aún le acompaña, pero también en su momento tendrá que deshacerse de su “amlodependencia”. »

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