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Medio: Manufactura

Especialista: Mtro. Daniel Revuelta

Tema: Una filosofía rentable

  • Mejora continua, parte de la estrategia que rescató la planta de American Standard y la convirtió en una de las más productivas del mundo.

Cuatro semanas en Japón marcaron el inicio del vuelco que daría la vida profesional de Eduardo Arias. Hace cinco años el gerente de la planta de American Standard, en Aguascalientes, recibió capacitación en las instalaciones de Grupo LIXIL, el fabricante de materiales, productos y servicios de vivienda y construcción con sede en Tokio.

“Todo era orden”, recuerda, y lo contrasta con el caos que percibió en Taiwán durante la semana adicional que pasó ahí en el mismo viaje. Era parte del proceso de transición que implicó la compra de la compañía estadounidense de productos para cocina y baño por parte de la firma japonesa. La transacción de 2013 fue por 542 millones de dólares y dio a LIXIL el control de las cuatro plantas que American Standard tiene -ahora como marca- en México. Las otras están en Estado de México, Nuevo León y Tlaxcala.

En este tipo de adquisiciones alrededor del mundo, un 43%, experimenta una “serie de problemas culturales de impacto” que pueden, incluso, frenar el negocio, según el informe “Mitigar los riesgos culturales para impulsar el valor”, de la consultora Mercer.

El caso de LIXIL y American Standard no fue la excepción. “Veníamos con una ideología muy americanizada. La japonesa es simple, pero muy metodológica y disciplinada, no te puedes brincar nada”, dice Arias.

Esta disparidad es natural porque el grueso de la industria estadounidense busca, desde su origen, la eficiencia de procesos, y la industria japonesa es eficiente y al mismo tiempo más humana. “Es ligera, flexible y controlada y con calidad”, menciona Max Daniel Revuelta, docente de la facultad de Ingeniería de la Universidad La Salle. En estos casos, señala, lo natural es que la japonesa imponga sus mejores prácticas en la compañía que adquiere.

Fin del estigma Para Grupo LIXIL implementar mejores prácticas en la planta de Aguas-calientes tuvo un propósito claro: terminar con los números rojos que la tenían al borde del cierre. “Hace cinco años éramos la peor planta del grupo con los peores resultados y a punto de cerrar”, recuerda Arias.

En ese tiempo, expertos japoneses arribaron a México para implementar filosofías como el Lean Daily Management y la mejora continua (Kaizen), lo que poco a poco fue impactando en la productividad. Hasta antes de la fusión, la producción – especializada en tanques para WC, tasas y lavabos- era de 1.8 millones de piezas anuales y en un par de años subió a 2.3 millones. La expectativa hacia 2020 es de 3.4 millones.

No será obra de la casualidad. El año pasado Grupo LIXIL inauguró una extensión de la planta de Aguascalien-tes, cuya edificación fue una odisea debido a que implicó un cambio de operaciones, según Rodrigo Fuentes, director del proyecto.

La extensión se hizo en el espado que ocupaba la planta de acrílico para tinas de baño, misma que tuvieron que desplazar a las instalaciones de Nuevo León, especializada en grifería. Esto trajo el doble reto de crear un nuevo layout a partir del espacio disponible y afectar, lo menos posible, la producción de tinas.

“Fue mover el equipo de una ciudad a otra y echarlo a andar en otro lugar donde no manejaban el proceso del acrílico”, reconoce.

Daniel Revuelta, de La Salle, afirma que el movimiento va en línea con la filosofía japonesa que busca tener líneas de producción especializadas para ofrecer mayor calidad. “La industria tradicional estadounidense busca abarcar toda la producción -hacer colchones y las bases, por ejemplo- cuando abarcar todo no es del todo eficiente”.

De acuerdo con Rodrigo Fuentes, la meta hacia marzo de 2019 es que la extensión permita añadir unas 345,000 piezas a la producción, y a partir de abril y hasta mayo de 2020 alcanzar la capacidad suficiente para entregar 1.1 millones de piezas. Aria añade que una vez terminado el proyecto, esta planta será la más grande del mundo en su segmento y la más productiva para Grupo LIXIL.

Crecimiento desafiante La expansión de la planta en el municipio de Jesús María, en Aguascalientes, inició en 2017 y requirió de 20.5 millones de dólares. Su construcción implicó algunos retos.

O Renovar sin daños Una pared de 25 m que dividía el área que ocupaban, por un lado, la planta de acrílico y el taller de maderas para la producción de tinas, y por el otro, un horno de vaciado y una zona de secadores, fue retirada sin causar daños a la estructura del techo.

Cimentar a lo grande La expansión requirió la instalación de un horno y de dos ”tanques pulmón” con gran capacidad y peso. “Son tanques de 100 toneladas”, dice Rodrigo Fuentes. Estos alimentan los bancos de vaciado -donde el retrete toma forma- y, por el peso, requieren de una cimentación especial.

Cambiar la techumbre Las instalaciones previas tenían áreas con alta humedad y temperatura. Estas condiciones deterioraron la estructura del techo, el cual soltaba óxido que contaminaba las piezas. Esto obligó a cambiar las láminas y añadir una capa de espuma de poliuretano.

 

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