Es realmente difícil expresar y transmitir la experiencia de 10 días como voluntario; es inmensamente increíble todo lo que aprendes y a la vez disfrutas, se viven muchas emociones y sentimientos. A pesar de todo, tratare de contarte la historia que marcó la vida de muchas personas.

Yo soy Marco Antonio Berrocal, alumno de 6to año de preparatoria y líder de animación en el grupo de voluntarios de la Preparatoria La Salle.

Nuestro grupo es relativamente pequeño y muy joven en comparación de otros grupos en La Salle; pero lo que lo hace especial es que todos los que formamos este equipo, lo hacemos por “amor al arte”, por “amor al servicio” sin ningún otro motivo y sin lugar a dudas por mera voluntad del alma. Oficialmente somos 22 integrantes del grupo contando a nuestro responsable el Dr. Adán Jesua Navarro, gracias a quien estamos en este proyecto. Estamos divididos en 3 rubros que son animación, enseñanza y manualidades y, con esta organización fue que nos aventuramos esta Semana Santa -del 26 de marzo al 1 de abril- a regalar lo más preciado en esta vida… tiempo.

Desde el trayecto de ida de aproximadamente 5-6 horas el equipo tomo una gran actitud, conociéndonos y tratando de saber cómo eran las personas con las que compartiríamos 10 días y la mayoría con la gran pregunta, ¿qué pasara en todo este tiempo que se nos viene?, nos encontrábamos muy nerviosos y emocionados al mismo tiempo, a la expectativa de cómo sería para muchos el primer voluntariado y con las ansias de comenzar a trabajar y a divertirse por supuesto. Como era de esperarse el primer día fue realmente para instalarnos, verificar que todo estuviera en orden, conocer y limpiar la pequeña casa que el sacerdote de la comunidad nos hizo favor de conseguir con una familia que tenía posibilidades de prestarla durante esos días. Comer por primera vez en la casa parroquial, que fue donde toda la semana nos reuníamos para ingerir nuestros alimentos, hizo que desde ese momento nos organizáramos para servir los platos y acordar cómo lavarlos después. Fue el primer momento en que comenzamos a conocernos realmente y nos ayudó a planear todo tipo de situaciones, desde las más sencillas hasta las más complejas.

El día sábado comenzamos con la labor de restauración de la casa parroquial afectada por el sismo del 19 de septiembre del año pasado, desde acarrear escombro realizando la famosa “cadena humana” para mover materiales de un lugar a otro, limpiar las áreas de trabajo, comenzar a pintar la nueva construcción, planificar el trabajo de toda la semana junto con los albañiles a cargo y el sacerdote; también organizar las comidas y los horarios, hasta checar dónde y cuándo nos bañaríamos fueron las actividades que se realizaron. Fue un día de mucha observación y análisis de como estábamos haciendo las actividades, estrés por no saber cómo actuar ante alguna situación e incluso disgusto por actitudes de nuestros compañeros, pero a pesar de todo eso supimos seguir adelante y tener un muy buen día de trabajo. Por las noches se realizaba una reflexión y evaluación donde nuestro responsable, con apoyo de los líderes del grupo, exponían algún tipo de problema, observación y/o comentario sobre el día, invitando a los demás a expresar sus puntos de vista, sus comentarios, sus críticas constructivas y por supuesto también felicitaciones, agradecimientos y reconocimientos a las cosas que se realizaron de manera excelente;  todo principalmente con el fin de solucionar esos problemas y animar al grupo para seguir adelante a pesar de algunas caídas que tuvimos, siempre concentrados y confiados en lo que estábamos haciendo.

Posteriormente seguimos trabajando con el máximo esfuerzo y dedicación, el día domingo de ramos por la mañana seguimos con la restauración de la casa parroquial con la pintura de la construcción, acarreo de tierra para tapar huecos en el patio de la casa y para las jardineras. Por la tarde acomodamos cerca de 1500 sillas en el atrio de la iglesia para la misa de domingo de ramos, para que la gente de 3 comunidades pudiera tener un lugar. Después de esa gran tarea, fuimos a tomar un pequeño baño para estar en la misa limpios y guiar a las personas a sus respectivas áreas en el atrio. Fue un día bastante pesado físicamente, pero todos dimos lo suficiente para poder completar todas las tareas, un día de trabajo físico donde los integrantes aprendieron tolerancia, paciencia y fortaleza para seguir a pesar del cansancio, claro que hubo problemas pero todos se solucionaban día a día en las reflexiones y con esto nos preparábamos para un día más.

Los días lunes, martes y miércoles realizamos por la tarde el curso para niños de la comunidad; es ahí donde los 3 diferentes subgrupos (animación, enseñanza y manualidades) con sus dinámicas, juegos únicos y diferentes, transmitían mensajes de temas como la familia, valores, el cuidado del medio ambiente, etc. Aprendimos que muchos tenemos la facilidad y el gusto por los niños, para convivir con ellos, sacarles una sonrisa y apoyarles en esos días. Por las mañanas continuamos con la restauración de la casa parroquial. Día a día nos esforzamos por dar lo mejor de nosotros a los demás y en las actividades; nunca olvidando las pláticas de las noches para poder seguir creciendo y mejorando colectivamente.

El día miércoles tuvimos una invitación a una alberca de una familia del pueblo, de alguna manera nos querían agradecer por todo lo habíamos estado haciendo. Tuvimos un pequeño convivio organizado por el sacerdote en el que hubo refrescos, botanas y música con un rato de relajación y esparcimiento para el grupo, justo a la mitad de la semana, que sirvió para darnos ánimos para seguir.

El jueves por las mañanas continuamos con todo el trabajo de la casa parroquial y en la tarde fue la celebración del Jueves Santo llamada “La Última Cena”, donde ayudamos a servir la comida que se le da a toda la gente que asiste. Después se realizó una pequeña procesión a la casa parroquial con la imagen de Cristo y sus 12 discípulos. Fue un día bastante equilibrado, en el que nuestro grupo ya se encontraba estable y con una visión clara de todo lo que hacíamos cada día y de lo que se estaba viviendo. Aprendíamos mucho sobre toda la gente que nos rodeaba a cada momento y los problemas se volvían casi nulos con el paso del tiempo. El viernes tuvimos solo un par de horas de trabajo para después asistir al vía crucis a las 10 a.m. donde dimos un recorrido un tanto largo, apoyando a la comunidad a cargar imágenes o cualquier cosa que se necesitara. Fue un día tranquilo, relajado y más que nada de reflexión ya que ese día en la noche tuvimos quizá la reflexión más importante de la semana; se les había pedido a los integrantes del grupo que pidieran a sus familias una carta, donde les escribieran lo que ellos quisieran, con el objetivo de hacer reflexionar a cada miembro el valor de la familia, de los amigos, de cada cosa que los rodeaban y así poder mejorar como personas y hacernos entender que todo lo aprendido se tenía que llevar a casa, a la escuela y a las relaciones que tenemos a diario, y a donde quiera que vayamos, ya que, una vez siendo voluntario se es voluntario siempre.

Y fue así, que el día domingo a las 8 a.m., nos despedimos de ese gran lugar y tomamos el camino de vuelta a casa con una gran experiencia vivida, con muchos sentimientos encontrados, nostalgia y muchas cosas que pensar para aplicarlas en nuestras vidas, fue duro despedirse porque son cosas que no se repiten, pero entendimos que hay que seguir adelante como cada día en San Pablo y seguir luchando por lo que queremos, valorar todo lo que tenemos y las personas que nos quieren  y sobre todo nunca olvidarnos del prójimo que necesita nuestra ayuda, que así como puede ser un niño de 5 años en un pueblo de Puebla, puede ser también tu compañero que se sienta junto a ti todos los días.

Después de una semana de haber regresado a nuestras vidas cotidianas, de despedirnos de ese lugar donde dejamos risas, enseñanzas, lágrimas, esperanza, alegría, empatía, caridad y esas ganas de ayudar al prójimo; ese lugar llamado San Pablo Anicano, ubicado en el estado de Puebla y cercano a Oaxaca, aún después, se tiene esa extraña  sensación de querer regresar, la nostalgia por seguir aprendiendo, por querer seguir compartiendo día a día el desayuno con tus compañeros y la gente de la comunidad, de seguir ayudando en todo lo que se necesite; y es ahí cuando te das cuenta que de ninguna manera fue tiempo perdido y que te encanto cambiar una semana de tus vacaciones por vivir una experiencia única como lo es el voluntariado.

Gracias La Salle, gracias San Pablo Anicano, gracias a mis compañeros y sobre todo gracias Dr. Adán Jesua Navarro.

Nos vemos pronto en otra experiencia inolvidable, en otro voluntariado.

Autor: Marco Berrocal Clavel

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