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Todo comenzó un año antes de venir. La verdadera razón por la que vine de intercambio fue porque me rompieron el corazón como jamás alguien lo había hecho y mi primera solución fue huir, así que moví cielo mar y tierra para distraerme y reunir todos los requisitos para hacer esto. Obviamente a mis papás no les dije la verdadera razón de porque quería ir, todo fue con la excusa de aprender cosas de mi carrera, Química de Alimentos, desde otra perspectiva y que esto tendría valor curricular, bla bla bla. Se la creyeron.

Y así, después de pasar por todos los trámites, reunir los papeles, discusiones con mi padre sobre irme tan lejos, incertidumbre por saber si la Embajada Española me daría o no la visa y tantas cosas más. Al final, justo antes de venir estaba muy neutral, no creía que en verdad me iba de intercambio, ya tenía todo listo: un lugar donde vivir, un par de nuevos amigos de La Salle para compartir piso, expectativa de fiesta y bienestar porque iba a estar con más Lasallistas todo el tiempo… ¡PERO QUE CREEN! Una semana antes de llegar a España, me entero  que mi campus está en un anexo de un pueblo lejos de los demás, llamado Desamparados…exacto. Entré en pánico y estuve a punto de desertar pero no podía hacerle esto a mi padre, ya había invertido mucho, estaba muy ilusionado y feliz por mí. Así que volví a buscar piso y me resigné a una vida de aburrimiento.

Fue un viaje largo de México a Madrid, luego de Madrid a Murcia cinco horas en tren y además tomar OTRO tren a Orihuela, el pueblo más poblado cerca de mi Universidad. Después de mil horas de viaje llegué y estaba lloviendo, mis maletas pesaban un montón y yo olía a vagabundo, todo mal. Al fin llegué a mi piso y me recibieron tres chicas de mi edad y sentí su mirada como cuando te asomas a la jaula de los leones por primera vez: con miedo, asombro y sorpresa. Aquí empezó la aventura en Orihuela.

Al principio estaba aferrada a la aventura y fiesta de Elche, ahí es donde estaba todo mundo de intercambio, pero era difícil porque estaba a una hora en tren. Unos días después llegó un nuevo compañero de piso, ¡igual era mexicano!, sentí alivio de cierta forma. Poco a poco conocimos a los pocos Erasmus que había aquí en Orihuela, éramos como diez.

En clases me sentía rara, estaba en grupos de 10-15 personas y todos ya se conocían, sólo los profesores me hablaban, que sad. Después vi que en mi clase favorita había un italiano igual de perdido que yo, Flavio, y pues nos hicimos amiguitos. Dos días después, una chica del grupo se hizo nuestra amiga y de la nada nos invitó a pasar el fin de semana en su casa, fue la primera vez que vi de cerca una verdadera familia española y lo mejor, LA COMIDA, morí de amor.

Y así, cada viernes nos reuníamos todos los erasmus: de Rumanía, Turquía, Italia, Polonia, Eslovaquia, México, Colombia, casi uno de cada nacionalidad, y debo decir que fueron mi familia durante este tiempo. Compartíamos nuestro amor-odio por Orihuela, por ser tan pequeño y vacío, pero al mismo tiempo por ser un pueblo hermoso y tranquilo, llegamos al punto de sentir que era nuestro.

¿Recuerdan a Flavio? Bueno pues el fue de lo mejor de mi intercambio, no hubo día que no muriera de risa con él y además me hizo cambiar mi perspectiva sobre la gente y la vida que me tocó vivir.

En la escuela de repente todos los del grupo ya eran mis amigos, dejé de sentirme como “la niña de intercambio” y pasé a ser uno más del team. Ahí conocí a Alicia, mi española favorita, cuando no estaba con mi roomie mexicano o con Flavio, estaba con ella y era como si fuéramos amigas de toda la vida. Fue así como me introduje en la cultura española y ahora puedo decir que estoy enamorada de ésta.

Comí la comida más deliciosa de España en las casas de las mejores personas, demasiada paella, tortillas de papa y lo mejor: el ALIOLI, no lo pruebes, es adictivo.

Tuve la oportunidad de viajar a Marruecos con otras personas de intercambio y jamás olvidaré lo bonito que sentí todos los días al conocer lugares tan hermosos. Tuve un paseo en camello por el desierto y la plática más científica y sentimental del mundo con mis amigas. Ese día mi corazón se llenó de paz y cada persona, cada lugar y cada canción que pasa en mi día a día, significan algo para mí porque desde entonces entiendo lo bonito que es todo lo que involucra vivir y estar consciente para poder disfrutarlo.

Otra de mis partes favoritas fue la experiencia de aprendizaje que tuve en la Universidad, tuve la oportunidad de estar en un el grupo de Calidad y Seguridad Alimentaria, en el área de Análisis Sensorial, mi cosa favorita en la vida y ahora más que nunca tengo claros mis planes y metas a futuro, aprendí mucho de mis profesores y los quise mucho.

Al final, mi intercambio se resume en: viajes, amigos, comida (¡AIURA!  subí 18 kilos… pero de puro amor), superación académica y sobre todo puedo decir que me llené de mí misma, me di cuenta que te pueden olvidar muy fácil en México, pero que las personas más importantes se alegran por tus logros y te responden los mensajes o te mandan alguno cuando pueden. Entendí que no puedo obligar a todos a quererme y recordarme, pero yo puedo decir a quien quiero y tengo presente también; que la familia es lo más importante y que la vibra que atraiga a tu hogar, formará familias donde quiera que vayas. Hoy tengo ganas de seguir comiéndome al mundo y espero que esto siga así aunque sea una persona mayor.

No fue el intercambio que esperaba, ni la fiesta en la que todos esperaban que viviría, fue muchísimo mejor, porque me llenó justo de las cosas que más necesitaba sin que lo supiera, hasta ahora es que me siento completa. Gracias Orihuela por no darme lo que quería, sino lo que me faltaba.

Mercedes Monroy Lambros

     

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