Medio: Imagen Poblana

Especialista: Dr. Carlos Alberto Bandala,FN

Tema: Estudiar, graduarse, ser pobre…

Hace algún tiempo la educación aseguraba la movilidad social, es decir, una persona que estudiaba tenía mayores posibilidades de ascender en la escala social, de tal suerte que era prioritario para los padres procurar educación a sus hijos para garantizarles mejores condiciones de vida. Sin embargo, dadas las condiciones estructurales de una economía como la de México, la movilidad social cada vez es menos probable y la educación dejó de ser la palanca de ese ascensor.

De acuerdo con los datos más recientes del Observatorio de Salarios que coordina la Universidad Iberoamericana Puebla, la población que tiene estudios universitarios y posgrado se duplicó al pasar del 4.4 al 8.2% de la población del año 2000 al 2014. Los mexicanos que concluyeron el nivel preparatoria también se duplicaron, pasaron del 4.9 al 10.4%; mientras que el porcentaje de mexicanos sin instrucción se redujo prácticamente en la misma proporción al bajar del 22.2 al 12.4%. Hasta aquí podemos decir que el nivel educativo se ha visto modificado favorablemente. Sin embargo, esto no se ha reflejado en el nivel de ingreso.

En el periodo 2005-2016 el salario promedio mensual nacional cayó estrepitosamente, se redujo de 8,776 a 5,744 pesos, una disminución del 34.5%. Si el análisis se realiza por nivel educativo (vea la gráfica 1) observamos que quienes menos perdieron fueron los trabajadores que no tenían estudios (-11%) y los que más perdieron fueron los trabajadores que tenían maestría y doctorado (-38%).

Elaborado a partir de los datos del Informe del Observatorio de Salarios 2017

De esa manera para el año 2016 un trabajador que tenía un nivel universitario ganaba mucho menos de lo que fue el promedio nacional en 2005. La diferencia salarial en 2005 entre tener una licenciatura y un posgrado era del 53%; en 2016 esa diferencia se redujo al 48%, lo que hace menos atractivo estudiar una maestría y menos un doctorado. Más aún, suponga el caso de un trabajador con licenciatura que en 2005 ganaba 11,269 pesos, que estudió un posgrado y en 2016 ganaba 14,805, su sueldo solo se incrementó 30%.

Lo anterior refleja la incapacidad estructural de la economía nacional para absorber con empleos dignos a los recursos humanos altamente formados. El mismo estudio también demostró que el ingreso de trabajadores con primaria, secundaria y preparatoria era similar; por lo tanto, podemos decir en términos de economistas neoclásicos, “el mercado no está estimulando estudiar niveles superiores”. En términos de una Economía crítica el problema es más grave: nuestra población se está empobreciendo a un ritmo alarmante.

Se considera una persona en situación de pobreza monetaria cuando gana hasta 7 salarios mínimos, es decir menos de 18,556 pesos mensuales; de acuerdo a los últimos datos, los trabajadores con posgrado están ganando por debajo de esa línea de pobreza. En ese nivel de pobreza está el 64% de los mexicanos. De ese grupo cabe resaltar que el 10.4% (13.5 millones de personas), sobrevive apenas con un salario mínimo.

Al 64% de mexicanos en pobreza monetaria le debemos sumar un 5% que se encuentra en el umbral. El 31% restante está fuera de la pobreza, son aquellos que ganan más de 8 salarios mínimos, unos 21 mil pesos al mes. En ese grupo también hay que destacar que apenas el 0.2% de la población (260 mil personas) ganan más de 20 salarios mínimos, es decir, más de 53 mil pesos al mes.

Al relacionar la pobreza con el nivel de estudios observamos lo siguiente: en el año 2000 ser universitario significaba tener pocas probabilidades de ser pobre, apenas el 12% de profesionistas eran pobres. En 2014 la cifra de pobres con nivel universitario ascendió a 32%. Caso similar de aquellos que además de un nivel profesional tenían un posgrado, en 2000 los pobres con posgrado eran el 3%; en 2014 los pobres con posgrados eran el 8.18%. Y así prácticamente con todos los niveles educativos, la tendencia muestra que estudiar grados superiores ya no es garantía de no caer en pobreza.

Además, debemos añadir el problema del desempleo. Mientras que a nivel general la tasa de desocupación ha bajado. El desempleo de las personas con niveles superior y posgrado ha aumentado. Las cifras de la Secretaría de Economía al tercer trimestre de 2017 muestran que los estados más afectados son Chiapas y Guerrero, donde el 62% de las personas con nivel superior no tienen trabajo. Monterrey que está en mejores condiciones tiene desempleada al 32% de su población altamente formada. Pero ahí también son notorios los cambios si comparamos el año 2000, todos los estados vieron aumentar sus cifras de desempleo. Llama la atención Michoacán que pasó del 10 al 43% de desempleo, Baja California aumentó del 19 al 45% y Puebla, del 26 al 51%.

Se requiere una solución estructural, lo que implica un cambio profundo en la planeación y ejecución de políticas públicas que articulen el sector educativo con el productivo, pero también reconsiderando nuestro papel en la economía internacional, esto es, romper nuestra dependencia con el imperialismo y asumir una actitud soberana.

*Profesor-Investigador Facultad de Negocios Universidad La Salle México

Miembro del Sistema Nacional de Investigadores

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